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martes, 16 de junio de 2009

¡Silencio o gritos! Violencia de género


¡Guardemos 11 minutos de silencio por cada uno de los asesinatos de violencia de género, desde abril hasta hoy en España!

El pasado día 3 de abril, de una mujer a Granadina del Piñar (Granada), el día 10 de abril, de una mujer a Valencia de Alcántara (Cáceres), el día 18 de abril, de una mujer en la localidad alicantina de Torrevieja, el día 9 de mayo, de una mujer en Irún (Guipúzcoa), el día 19 de mayo, de una mujer a Albox (Almería), el día 27 de mayo, de una mujer en Castellón, el día 28 de mayo, de una mujer en Orihuela (Alicante), el día 30 de mayo, de una mujer en Malgrat de Mar (Barcelona), el día 2 de junio, de una mujer de Abrera (Barcelona), el día 13 de junio, de una mujer a Habla (Madrid) y ayer, de una mujer en Elche (Alicante), todas ellas víctimas de la violencia de género!

Y yo me pregunto ¿solucionamos algo guardando silencio? Se que el silencio es señal de respeto por cada una de las víctimas... pero yo propongo no guardar silencio si no gritar. ¡Gritar tanto que todo el mundo nos escuche! Que nos escuchen los niños, los ancianos, los jóvenes, los adultos, los políticos, los empresarios, los reyes y poderosos de la tierra.... pero sobre todo los ¡AGRESORES!

Gritemos para decir ¡BASTA YA! en una sociedad cada vez más fría y hostil, más egoista y violenta. A todas las mujeres que sufren por el simple hecho de ser mujer, porque las que han muerto a manos de sus parejas ya descansan, quiero dedicarles este poema:

"Tengo Sed. Me has quitado las praderas del norte,
regadas por arroyos de respeto y cariño.
Tengo frío. Te has ido con el sur de mi alcoba,
dejándome las huellas de tu hielo en mi cuerpo.
No sé qué hacer. La vida me parece una tumba
donde me has enterrado viva, una oscuridad
irrespirable, un túnel sin salida una muerte
prolongada, el vacío, la ausencia, el desamparo.
Me siento tan vencida por tu odio, tan débil,
tan aterrorizada y tan inexistente,
que no puedo llorar, ni llamar por teléfono
a mis padres ( que acaso me dirían: “Aguanta,
que por algo naciste mujer”), ni hacerle señas
a la vecina desde la ventana. Me quedo
acurrucada en un rincón del dormitorio
esperando que vuelvas y sigas arrasando
con gestos de desprecio, con golpes y con gritos
aquel campo de amor que cultivamos juntos."

LUIS ALBERTO DE CUENCA


Vecino, amigo, familiar, alguien... denúncia lo que ves, lo que oyes, lo que crees que ocurre detrás de esa puerta. Todavía estás a tiempo, puedes salvarla, no te detengas, se solidario aunque sepas que ella no quiere porque sencillamente no puede decidir, está anulada.

Mujer: si estás sufriendo en silencio la violencia en tu cuerpo o en tu mente, ¡no te detengas! ¡denúncialo! ¡no te ama, no es amor lo que emana de su hechos! ¡no cambiará, porque es un hábito adquirido muy difícil de dejar! ¡No permitas que las listas de mujeres muertas por violencia de género aumenten contigo!¡Pide SOCORRO! A tí mujer, esposa, madre, joven quiero que leas esta oración y pidas a Dios que te de fuerzas y valor para salir de donde estés:

"Líbrame, oh Jehová, del hombre malo; guárdame de hombres violentos, los cuales maquinan males en el corazón, cada día urden contiendas... Líbrame de los hombres injuriosos, que han pensado trastornar mis pasos.... Escucha oh Jehová la voz de mis ruegos... No concedas al impío sus deseos, no saques adelante sus pensamientos... Yo se que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido y el derecho de los necesitados" (Salmo 140)

viernes, 23 de mayo de 2008

La violencia contra la mujer y su consecuencia en los hijos (Parte III)

Según la edad en la que se encuentran los menores las secuelas pueden ser mucho graves:


- Cuando los maltratos están presentes durante el embarazo se pueden producir partos prematuros, nacimientos con bajo peso, poco seguimiento de el embarazo por parte de la madre, menos participación en la preparación por el parto, más riesgo de consumo de sustancias por parte de la madre, etc.

- Durante la primera infancia los problemas principales que presentan estos menores son las dificultades del vínculo; el maltrato dificultad la relación con sus iguales, falta de confianza con los otros, sensación de abandono emocional, etc.

- Entre los 2 y 5 años los menores presentan dificultades para diferenciar la realidad de la fantasía ya que no entienden la situación que están viviendo y se consideran el motivo generador de los conflictos. Generalmente en esta edad predomina la culpa, la sensación de ser inútil, la ansiedad, las dudas y la negación, estos niños y niñas se suelen sentir impotentes delante lo que pasa y desamparados, con un miedo intensa a sufrir consecuencias graves durante las agresiones.

- Entre los 6 y 8 años, siguen sin poder comprender lo que está pasando y presentan síntomas de ansiedad y depresión; así como fantasías y aislamiento escolar y social para no desvelar la situación en la que se encuentran. A medida que van creciente y pueden ir comprendiendo una pizca la situación se pueden dar las alianzas con alguno de los progenitores, la culpabilización del otro, la rabia, la triangulación... incidiendo, eso directamente en la identificación de roles.

- En la edad pre–adolescente predominan los sentimientos de frustración y abandono, los cuales pueden generar comportamientos violentos, evitación de las relaciones, sensación de poder y control, adultización, rol de cuidador de las madres, etc. A partir de los 12 años, este papel de cuidador que adopta el menor se puede ir transformando en bloqueo y sensación de desbordamiento.

- En lo que concierne a la adolescencia se divisan afectadas áreas como la identidad personal, el rol sexual, la autoestima y las capacidades personales, la falta de planteamiento hacia el futuro. También en esta edad es habitual que los menores presenten sensaciones de frustración por no haber podido salvar a la madre, generando una responsabilidad excesiva al hogar llevándolos, incluso, a interponerse físicamente entre los sedes progenitores durante las agresiones. Durante la adolescencia siguen estante presentes la baja autoestima, la ansiedad, los síntomas depresivos, la necesidad de llamar la atención y ser aceptados... En algunas ocasiones estos menores buscan romper con la realidad que viven a través de conductas de riesgo o de la delincuencia llegando, en algunos casos, a generar una gran distancia emocional e indiferencia hacia el entorno.

También en esta última etapa se han demostrado que existen miedos ante la deseabilidad social, del conocimiento del propio cuerpo, de la toma de decisiones y la expresión de los roles de género. Estas inquietudes propias del momento evolutivo se ven en ocasiones alteradas por los efectos que la violencia familiar ha dejado en estos menores. Por último es importante tener presente que las consecuencias que presentan estos menores en algunas ocasiones exteriorizan las conductas (como podría ser la agresividad) pero en otras muchas ocasiones las conductas están internalizadas (o sea, presentan inhibición y miedo sin manifestar demasiado comportamientos que llamen la atención de las personas adultas). Esto no significa que no estén sufriendo situaciones de violencia familiar y que las consecuencias de éstas no les repercuten. El ejemplo más claro para ilustrar este punto es el rendimiento académico, hay menores que tienen un funcionamiento escolar impecable y, por lo tanto, no llaman la atención a primera vista mientras que hay otros que presentan evidencias de dificultades de concentración y atención. En ambos casos, las consecuencias de la violencia que los menores están viviendo en su entorno familiar pueden ser igual de severas.

lunes, 19 de mayo de 2008

La violencia contra la mujer y su consecuencia en los hijos (Parte II)

La mayoría de estos niños / as perciben el mundo como un lugar inseguro e impredecible y lo peor de todas las consecuencias es que normalizan la violencia como forma de relación, sintiéndose indefensos y vulnerables. Todo ello debido a que su ámbito familiar es un espacio de relación hostil, donde la fuerza (ya sea física y/o verbal) es la estrategia para conseguir lo que uno quiere en detrimento de la negociación, la resolución de conflictos de forma no violenta, el diálogo, la relación igualitaria basada en el respeto... puede conseguir.


Por otro lado, el hecho de que, socialmente el hogar esté considerado como un entorno seguro, de protección y tranquilidad convierte la violencia en este ámbito en algo más dañino, más ambiguo y más confuso. Ser testimonio o sufrir directamente una agresión ya es un hecho importante para la vida de cualquier persona. Si a esta evidencia le añadamos que las agresiones sean sistemáticas, que sucedan en el hogar (espacio básico de protección y seguridad) y que las genere un progenitor (figura de referencia) podemos imaginar las consecuencias tan devastadoras para estos menores.

Algunas de las consecuencias que presentan estos menores que viven en hogares donde la madre es maltratada, son: demandas de atención, dificultad ante la identificación y la expresión de las emociones, baja autoestima, dificultades de concentración y mantenimiento de la atención, falta de habilidades para resolver conflictos, falta de habilidad para tomar decisiones propias de la etapa evolutiva, creencias ante las relaciones con el otro género...

Además, estos menores suelen presentar mucha culpabilidad por el que pasa en casa y, en la mayoría de ocasiones, se hacen adultos para proteger y cuidar a su madre y/o hermanos/s; también buscan la manera de frenar la agresividad del padre, hecho que implica un aumento de la tensión, del estado de alerta, posible desconcentración de las tareas que le corresponden a su edad (escuela, amistades, actividades).

También se ha demostrado que las consecuencias psicológicas que estas situaciones tienen para los menores dependen grandemente de las características personales de la persona, de las circunstancias de maltrato (tipos, cronicidad, gravedad...) y de la protección que pueda ofrecer la madre y el entorno familiar. Asimismo, también es importante tener en cuenta la etapa evolutiva en la que se encuentran los hijos/as ya que ésta condicionará la manera en como los menores viven y expresan lo que está pasando.

viernes, 16 de mayo de 2008

La violencia contra la mujer y sus consecuencias en los hijos (Parte I)

Los niños/as que conviven en un entorno de violencia de género son también víctimas de estas agresiones de una manera u otra. Me explicaré, puede o no que reciban la violencia psíquica y/o física de forma directa como la recibe su madre, pero lo que sí es seguro es que presentan dificultades emocionales, cognitivas, sociales, etc.


La violencia contra la mujer, tiene en los hijos consecuencias a corto y medio plazo, pero las más importantes son las consecuencias a largo plazo. Éstas pueden ser la repetición de los roles que han vivido en su hogar y la transmisión de la violencia en las generaciones posteriores.

Los niños/as que han vivido o viven en situaciones de violencia de género en el ámbito familiar, por lo general se sienten culpables de la situación entre los adultos, por lo que modifican sus formas de actuar por no provocar más violencia y no comprenden porque su madre no rompe este tipo de relación, sintiéndose éstos/as desprotegidos o en alerta constante. No comprenden porque su padre actúa violentamente y esto puede desencadenar una actitud pasiva ante tales hechos llegando a formar (las agresiones) parte de su vida y en su manera de comprender el mundo (ya sea como víctima, como victimario o como ambas cosas).

Es importante tener en cuenta que tanto los menores que son testimonios
de la violencia hacia su madre, como los menores que reciben de forma directa la violencia por parte de su padre presentan efectos muy similares. Si el maltratador comienza con la violencia hacia la mujer, seguramente después se acabará extendiendo al resto de miembros de la familia, o sea, a los hijos.

Otra consecuencia de la violencia es que, a medida que la violencia hacia la madre va aumentando, ésta va sufriendo más consecuencias (estrés, síntomas depresivos, somatizaciones, etc.) que le van a impedir desarrollar su función de madre-educadora correctamente. Por ejemplo, las madres que viven violencia de género en el ámbito familiar sufren una desautorización constante por parte del padre sobre sus hijos / as, lo cual genera un desgaste, una pérdida de la autoestima y una sensación de no poder educar a sus hijos / as.

Antes de que éstas madres reciban soporte terapéutico muchas veces no son conscientes de que estos problemas con los menores son fruto de la situación de violencia, y se culpabilizan de tal situación y/o responsabilizan al menor con frases típicas: “es un niño muy rebelde”, “mi hija nunca hace caso de lo que le digo”, “tiene ganas de hacerme la vida imposible”...)

Consecuentemente el vínculo materno – filial se va mermando y, por lo tanto, la sensación de desprotección y culpa por parte de la hija /hijo aumenta y la sensación de desbordamiento y estrés por parte de la madre también. Estos progenitores, por otra parte, pueden tener problemas para establecer una relación afectuosa y próxima con sus hijos/as generando dificultades en la vinculación afectiva de éstos en un futuro. Por otro lado también pueden dejar de atender algunas necesidades básicas llegando a provocar situaciones de negligencia.
Los menores ya sean víctimas directas de los maltratos y que, están presentes durante los agresiones o no, pero perciben el clima de terror, también pueden presentar consecuencias físicas más allá de las lesiones (si las hay) como alteraciones del sueño, de la alimentación, retraso en el desarrollo etc; Alteraciones emocionales (como ansiedad, baja autoestima y estrés); Y problemas cognitivos y conductuales (dificultades escolares, falta de habilidades sociales, agresividad...)

martes, 29 de abril de 2008

Cuando la realidad supera la ficción: el caso de Elisabeth Fritzl

(Esta es una reflexión en "voz alta", para que cada uno piense....)

La noticia que corre estos días por todos los medios de comunicación, es tan desconcertante y tan de "ciencia-ficción" que mi mente finita no puede comprender ni asimilar. ¿Cómo es posible que durante 24 años una mujer haya sido violada una y otra vez por su propio padre, al mismo tiempo que era recluída en un zulo sin poder ver la luz del sol?

¿Es posible que la madre y los hermanos de Elisabeth Fritzl no sospecharan nada del paradero de ésta y menos aún de la llegada de unos hijos "abandonados" por ella?

¿Es posible que ningún vecino viera entrar a Josef Fritzl en el sótano durante 24 años llevando comida, ropa, pañales etc? ¿Es posible que ningún comercio se percatara de que algo extraño sucedía en la vida de este hombre?

¿Es posible que nadie de la familia intentase buscar a Elisabeth, a pesar de la carta que "ella" escribió? ¿Es posible que la propia madre nunca se hubiera percatado de los abusos que su esposo cometía contra su hija desde los 11 años? ¿Es posible que cuidara a sus nietos sin hacerse preguntas sobre el paradero de su hija?

¿Es que sólo abusó de Elizabeth? ¿De nadie más? ¿Cómo puede ser que vivamos en este siglo y el ser humano consiga sorprendernos tanto, llegando la realidad de una vida a ser superior a la ciencia-ficción de las películas?

Y lo más inquietante de esta desgraciada realidad ¿es posible que un ser humano como Josef Fritzl haya podido realizar tal acto de maldad contra su propia hija y perpetuarlo durante 24 años?

Lo peor de todo este suceso y de muchos otros como el de Natascha Kampusch, por ejemplo, es que nuestras conciencias se van acallando ante tanta miseria y echamos la culpa a Dios de todo esto, mientras que nuestros oídos se van acostumbrando a escuchar estas noticias.

Ya sabemos que hay hambre en la tierra y que una crisis se avecina (así lo comunicaba ayer la ONU);
Ya sabemos cuantas mujeres mueren a causa de la violencia de género;
Ya sabemos los desastres naturales que está produciendo el cambio climático.
Ya sabemos de los conflictos bélicos que hay en nuestro planeta;
Ya sabemos de las enfermedades nuevas como la Leptopirosis, descubierta en Perú...
Ya sabemos que el diagnóstico de esta tierra es: terminal

Pero quizá no sabemos que la Palabra de Dios nos dio señales de que estas cosas sucederían: (Mateo 24: 6,7,12,13,30,33)

"Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin... Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares... Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo... Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria...Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas."

No permitamos que nuestras conciencias queden dormidas ante la "enfermedad" de nuestro mundo, cada uno de nosotros puede dejar su granito de arena en función de nuestras posibilidades. Tanto para los que creemos firmemente que Cristo viene, como para los que no, todos debemos de cuidar el planeta en el que vivimos y a sus "inquilinos".

Os dejo con esta canción de Marcos Vidal que invita a la reflexión.



martes, 15 de enero de 2008

La violencia de género


La ONU calcula que sesenta millones de mujeres en el mundo están padeciendo violencia de género. Sólo 44 países tienen legislación contra la violencia doméstica. España es uno de ellos. A pesar de eso en el año 2.001 murieron más de 60 mujeres a manos de sus maridos o compañeros en nuestro país y la cifra ha ido en aumento cada año, en el 2.007 la cifra ascendió a 74 víctimas mortales. Pero ¿ Y las mujeres o los niños que sufren malos tratos físicos y psíquicos dentro del hogar? Estas cifras no se saben, pero estoy segura de que nos sorprendería su número.

Puede ser que en nuestro entorno encontremos casos de maltrato y no sepamos cómo actuar, o que la propia mujer nos confiese su terrible problema ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Qué podemos aconsejarle?

Lo primero de todo es definir maltrato, o violencia de género que según Naciones Unidas es: Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada. (“Artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Naciones Unidas, 1994).

Así que si estamos ante un caso de Violencia de Género lo segundo es saber que nos encontramos ante un fenómeno perdurable en el tiempo y resistente como ninguna otra la ha sido, a la evolución de las mentalidades y los esquemas sociales, que no guarda fronteras ni es exclusivo de un grupo o clase social y afecta de forma progresiva a un gran número de mujeres en todo el mundo. Que adopta múltiples formas, pero es la violencia de género que tiene lugar en el ámbito familiar o doméstico la que se presenta con mayor frecuencia, con una incidencia mal conocida, una alta y variada morbilidad y una progresiva mortalidad.

Lo tercero es que la dificultad para detectar estos casos estriba, en gran parte, en que las mujeres no presentan lesiones manifiestas, no se reconocen como víctimas ( por vergüenza, miedo, culpa), y los síntomas aparecen desligados de la situación vital que padecen, tanto para los/as profesionales, como para la propia mujer. Por este motivo si sospechamos o la propia mujer nos revela está siendo víctima de violencia de género debemos escucharla en primer lugar, no reprocharle nada y hacerle ver que tiene un problema y debe acudir en busca de ayuda profesional.

El Protocolo de Actuación contra la Violencia de Género nos dice que la a mujer maltratada sufre una pérdida progresiva de autoestima, y que pierde también las esperanzas de cambio de la situación, aumentando la sumisión y el miedo hacia el agresor. Por otro lado el hombre maltratador será la ratificación de que su estrategia funciona. Todo esto hace difícil que la mujer rompa la relación. Por eso, cuando una mujer pide ayuda, debe recibir en todas las ocasiones apoyos concretos para cambiar su situación, respetando y no culpabilizándola por sus decisiones. Es importante que comprenda que la violencia continuará e irá en aumento, y que no podrá corregir la conducta de su agresor, para que sea consciente del peligro que corre.

Por todo ello hay que actuar rápido y hacerle ver que debe acudir a un profesional (a los servicios sociales) y si la agresión ya está hecha al su centro médico y a la policía de su ciudad. Apoyarla en todo momento y que ella sepa que puede contar contigo. El pecado de este mundo ha distorsionado completamente la voluntad de Dios al crear al hombre y a la mujer. Efesios 5:28 dice: "Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama." Si una mujer es maltratada no era este el plan de Dios cuando instauró el matrimonio, el esposo que maltrata no ama a la esposa y desobedece a Dios.